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11/27/2012

por  Nicanor León Cotayo

Washington acaba de incurrir en otro grave error: “congelar” la mayor parte de los fondos que el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) tenía depositados en la agencia de un banco ecuatoriano radicada en Estados Unidos, destinados a financiar gastos de su VI Asamblea General, en La Habana, Cuba.

El suceso debe tener lugar entre el 19 y el 24 de febrero del 2013, y lo anticipa una declaración del Consejo de Iglesias de Cuba y  del CLAI en la que agradecen:

“En primer lugar a Dios, ”porque en todos los trabajos preparatorios para la celebración de esta VI Asamblea General hemos sentido su presencia, su gracia y sus bendiciones”.

Agrega que el CLAI ha podido constatar nuevamente lo que significa el bloqueo para el pueblo cubano, porque en este momento “ambas partes lo estamos experimentando”.

La declaración añade que Cuba, acusada de no respetar la libertad religiosa, da todas las facilidades para nuestra labor evangélica y de servicio a nuestras iglesias y pueblos en el continente latinoamericano.

…”y Estados Unidos, que se autoproclama como ejemplo de la libertad religiosa en el mundo, la limita y coarta, con políticas éticamente inaceptables para cualquier cristiano o cristiana”.

El documento informa además que el movimiento ecuménico cubano movilizará  a sus iglesias en una campaña de recaudación de fondos para apoyar los gastos de la VI Asamblea.

Subraya que es su respuesta a la congelación de fondos del CLAI por parte de Estados Unidos, así como apelan a la solidaridad internacional de iglesias y agencias cristianas con las que mantienen relaciones fraternales.

Con siete palabras estos religiosos desnudaron el fondo de la nueva y torpe maquinación ensamblada en Washington. “La única razón: Cuba es la sede”

No es la única ni primera vez que saca sus pezuñas el sentimiento anti-religioso que albergan determinados funcionarios estadounidenses y sus cómplices sobre todo contra los verdaderos cristianos.

Algunos ejemplos. En febrero de 2004 Washington negó a 275 personas su traslado a la Habana y abrió expedientes para aplicarles multas a quienes participaron en viajes religiosos y humanitarios.

Cuatro meses después el congresista Jeff Flake anunció que pediría limitar la restricción de fondos destinados a la aplicación del bloqueo, en particular contra grupos religiosos que viajaban a la isla.

El 7 de julio del mismo año, amenazaron con imponer elevadas multas y sanciones penales con el pretexto de que existía un “mal uso de las licencias religiosas”.

A principios de 2005, un juez dictaminó el pago de una multa por 9 750 dólares a un matrimonio de Michigan que visitó La Habana en 2001 para donar medicinas a una congregación religiosa.
Cuando en 2011 Obama introdujo leves modificaciones al bloqueo impuesto a esas visitas de grupos religiosos, educacionales y humanitarios, la ultraderecha de origen cubano asentada en Miami amenazó con estropearlas.

No es posible olvidar el caso de la fundación interreligiosa Pastores por la Paz, con sede en Harlem, de cuyo seno surgieron  las Caravanas de la Amistad Estados Unidos-Cuba, para recoger y trasladar ayuda humanitaria a esa nación caribeña, cuyo primer arribo tuvo lugar en 1992 bajo la dirección del reverendo estadounidense Lucius Walker.

Algún día serán conocidos en toda su amplitud los suplicios que las autoridades de Washington han impuesto a esos religiosos mientras acopian, entre otras cosas, medicinas, sillas de rueda, ómnibus escolares y material artístico y deportivo.

Y ahora la congelación de la mayor parte de los fondos que el Consejo Latinoamericano de Iglesias tenía destinados a su VI Asamblea General, en La Habana.

Despreciable y tonto, pues contribuye a explicar mucho más la razón que tuvieron 188 de los 193 países que integran la ONU para exigir por vigésima vez que Estados Unidos levante el bloqueo a Cuba.

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