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Red Voltaire | 18 de septiembre de 2012

Foto arriba: manifestantes destruyendo la embajada de EEUU en Yemén.

Los asesinatos del embajador de EE.UU. y tres miembros de su personal en Libia fueron probablemente el resultado de una seria y continua vulneración de la seguridad, revela The Independent.

Funcionarios estadounidenses creen que el ataque fue planificado, pero Chris Stevens había vuelto al país solo poco antes y se suponía que los detalles de su visita a Bengasi, donde murió junto a su personal, eran confidenciales.

El gobierno de EE.UU. enfrenta ahora una crisis en Libia. Documentos secretos se perdieron en el consulado en Bengasi y la ubicación, supuestamente secreta, de la «casa segura» en la ciudad, adonde se había retirado el personal, sufrió un continuo ataque de morteros. Se considera que otros refugios semejantes en el país ya no son «seguros».

Se dice que algunos de los documentos desaparecidos del consulado son listas de nombres de libios que colaboran con los estadounidenses, lo que les pone potencialmente en peligro frente a grupos extremistas, aunque se dice que otros documentos se relacionan con contratos petroleros.

Según altas fuentes diplomáticas, el Departamento de Estado de EE.UU. tuvo información creíble 48 horas antes de que las turbas atacaran el consulado de Bengasi, y la embajada de El Cairo, de que las misiones estadounidenses podrían ser objeto de ataques, pero no se advirtió a los diplomáticos de que se pusieran en estado de alerta elevada y «se aislaran», que significa que sus movimientos se restringen fuertemente.

Stevens había estado de visita en Alemania, Austria y Suecia y acababa de volver a Libia cuando tuvo lugar el viaje a Bengasi y el personal de seguridad de la embajada de EE.UU. decidió que dicho viaje podía emprenderse con seguridad.

Ocho estadounidenses, algunos de ellos militares, fueron heridos en el ataque que costó la vida a Mr. Stevens, Sean Smith, un oficial de información y dos marines. Todo el personal de Bengasi ha sido transportado ahora a la capital Trípoli, y es posible que aquellos cuyo trabajo no se considere esencial sean transportados fuera de Libia.

Mientras tanto un Equipo de Reacción Antiterrorista FAST del Cuerpo de Marines ya ha llegado al país desde una base de España y se cree que hay más personal en camino. Se han puesto en alerta unidades adiccionales para transportarlas a otros Estados donde se pueda necesitar su presencia ante el estallido de furia antiestadounidense provocada por la publicidad de una película que insulta al Profeta Muhammad.

Una turba de varios cientos de personas asaltó ayer la embajada de EE.UU. en la capital yemenita Saná. Otras misiones que han se han puesto en alerta especial incluyen casi todas las de Medio Oriente, así como Pakistán, Afganistán, Armenia, Burundi y Zambia.

Sin embargo, altos funcionarios cada vez están más convencidos de que la naturaleza feroz del ataque en Bengasi, en el cual se utilizaron granadas propulsadas por cohetes, indicó que no se trataba de un estallido de cólera espontánea debida al video, llamado «La inocencia de los musulmanes». Patrick Kennedy, subsecretario del Departamento de Estado, dijo que está convencido de que el asalto fue planificado debido a su naturaleza amplia y la proliferación de armas.

Aumenta la creencia de que el ataque fue en venganza por el asesinato, en un ataque de drone en Pakistán, de Mohammed Hassan Qaed, un agente de al Qaida que era, como sugiere su nombre de guerra Abu Yahya al-Libi, de Libia, y programado para el aniversario de los ataques del 11 de septiembre.

El senador Bill Nelson, miembro del Comité de Inteligencia del Senado, dijo: «Estoy pidiendo a mis colegas del comité que se investigue de inmediato qué papel han jugado en el ataque al Qaida y sus afiliados y que se tome la acción apropiada».

Según las fuentes de seguridad, el consulado había tenido una revisión del sistema de seguridad en preparación para cualquier violencia conectada con el aniversario del 11-S. En realidad, el perímetro fue roto en 15 minutos por una multitud furiosa que comenzó a atacarlo el martes hacia las 10 de la noche. Los 30 guardias locales, o más, que debían defender al personal presentaron, según testigos, poca resistencia. Ali Fetori, un contable de 59 años que vive cerca dijo: «Toda la gente de seguridad simplemente se escapó y los que se quedaron a cargo fueron los jóvenes con fusiles y «bombas»».

Wissam Buhmeid, el comandante de la Brigada Escudo de Libia aprobada por el gobierno de Trípoli, efectivamente una fuerza policial para Bengasi, afirmó que fue la ira por el video sobre Muhammad [profeta Mahoma] lo que hizo que los guardias abandonaran sus puestos. «Fue definitivamente gente de las fuerzas de seguridad la que permitió que ocurriera el ataque porque ellos mismos se sintieron ofendidos por la película; colocaron absolutamente su lealtad al Profeta por sobre el consulado. Las muertes no son nada en comparación con el insulto al Profeta».

Se cree que Mr. Stevens, fue abandonado en el edificio por el resto del personal, porque no lograron encontrarlo en la densa humareda causada por un fuego que había afectado completamente el edificio. Personas del lugar lo encontraron en el suelo inconsciente y lo llevaron a un hospital, el Centro Médico de Bengasi, donde según el doctor Ziad Abu Ziad murió por inhalación de humo.

Un equipo de rescate estadounidense de ocho personas fue enviado desde Trípoli y llevado por el capitán Fathi al- Obeidi, de la Brigada 17 de febrero, a la casa segura secreta para sacar a unas 40 personas estadounidenses. Entonces el edificio fue atacado con armas pesadas.
«No sé cómo encontraron el sitio para realizar el ataque. Fue planificado, la precisión con la que nos alcanzaron los morteros era demasiado buena para revolucionarios comunes y corrientes», dijo el capitán Obeidi. «Comenzaron a llover sobre nosotros, unos seis obuses cayeron directamente en el camino a la villa».

Finalmente llegaron refuerzos libios y el ataque finalizó. Habían llegado noticias sobre Mr. Stevens, y su cuerpo fue retirado del hospital y llevado de vuelta a Trípoli con los otros muertos y los sobrevivientes.

La madre de Mr. Stevens, Mary Commanday, habló ayer de su hijo. «Amaba su trabajo y lo hizo muy bien. Podría haber hecho muchas otras cosas, pero ésta era su pasión. Tengo un agujero en el corazón».

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