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La Ceiba, Atlántida, 19 de Septiembre del 2012
 Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH

La recién firmada carta de intención entre el Estado de Honduras y la compañía estadounidense MGK, ha creado un sinnúmero de inquietudes que no son acalladas por las promesas de desarrollo de su promotor, el libertario Michael Strong.
Desafortunadamente Honduras está sumida en un sinnúmero de ignominias que bien pueden ser incluidas en la “Historia Universal de la Infamia”. Desde la espiral de violencia en las que nos han sumido hasta los genes de la corrupción que parece ser una marca indeleble de la élite de poder, fomentan la duda metódica hacia gobernantes y súbditos de la república bananera.
El famoso lema del “desarrollo” se ha convertido en un espejismo, en medio de un desierto de pobreza. Décadas de promesas inconclusas y la inexistencia de inversión en educación, acompañadas de una vocación por la corrupción y el militarismo, son cócteles que abonan la incredulidad del pueblo hacia una clase dirigente, con una Disneylandia como norte magnético.
La misteriosa empresa MKG pretende instalar una Región Especial para el Desarrollo, alias ciudad modelo, en el Municipio de Omoa, Cortés, sin que el Sr. Strong, hasta el momento haya especificado quienes son los inversionistas o el tipo de industria que piensan instalar.
Una de las características de la telenovela Ciudad Modelo, es el curioso estilo de folletín con que se ha develado la trama y el uso del suspenso para trasmitir la información. Tal como en las Telenovelas, y según nos cuentan los libertarios de Casa Presidencial y el Congreso Nacional, todos comerán perdices y serán felices. Pero en la realidad, los pobres en Honduras son cada día mas pobres y el 1% del planeta logra acumular mayores cantidades de capitales, que se multiplican a través de inversiones, si es posible donde salarios y leyes laborables sean inexistentes.
De la Cuyamel Fruit Company a la Cuyamel de la MGK
Casualmente la invasión de Manuel Bonilla y Sam Zemurray de 1911, y la posterior implementación de la República Bananera perfecta, tuvo como origen el Valle de Cuyamel, donde Zemurray adquirió tierras para la siembra de musáceas, pero al tratar de obtener un trato preferencial de la administración Davila entró en conflicto con el banquero J.P Morgan, encargado de las aduanas de Honduras. La invasión a Honduras por Bonilla, glorioso padre del Partido Nacional, fue financiada por Zemurray, y sirvió para que este lograra un “arreglo decoroso” con el Estado de Honduras y donde además de replantear el cobro de impuestos, logró enormes concesiones de tierra en las inmediaciones del río Cuyamel.
En Honduras el transcurso del siglo XX quedó marcado por la irrupción de Zemurray en el contexto nacional. La mentalidad de dependencia y sumisión al capital extranjero se incrustó en la idiosincrasia nacional. Zemurray aseguró que “en Honduras un Diputado era más barato que una mula”, y hasta la fecha la apreciación del magnate estadounidense continúa vigente.
Exactamente un siglo después de la invasión a Honduras y posterior entrega del país a la Cuyamel Fruit Company y otras transnacionales fruteras, Honduras aprobó la ley de Regiones Especiales para el Desarrollo. A pesar de las supuestas “buenas intenciones” de los diputados y otros equinos que manejan el destino del país, la ley aprobada subasta la soberanía nacional al mejor postor, despreciando al pueblo hondureño, al no informar apropiadamente los objetivos precisos de las compañías inversionistas y las reglas del juego.
Desde la utilización de la corte Suprema de la isla de Mauricio hasta la creación de sus propias fuerzas de seguridad, han sido señalados como parte del esquema neocolonial fraguado por el Congreso nacional y sus amos. Sin embargo, los pormenores han sido sigilosamente resguardados.
Strong y “permitamos mil naciones florecer”
Ciertas figuras de la ultraderecha estadounidense se han cobijado bajo el nombre de libertarios, algunos de ellos sugieren estar más allá de las ideologías, centrando sus esquemas en una simplificación de la función del Estado, al que consideran un ente interventor y obstaculizador de la economía.
En el blog intitulado “Permitamos mil naciones florecer“, Michael Strong en compañías de Paul Thiel y Patri Friedman, quienes también han firmado cartas de intención para la creación de ciudades modelo en Honduras, pretenden sentar las bases de las ciudades-nación del siglo XXI.
En un inicio estos libertarios pretendieron crear islas retiradas de las plataformas continentales, para evitar ser regulados por los estados-nación. La compañía Seasteaders, ideada por Friedman y financiada por Thiel, ha venido vendiendo la idea de un espacio dedicado a los experimentos de biotecnología y nanotecnologia que no pueden realizar en el territorio estadounidense.
La MKG de Strong no ha develado hasta el momento sus verdaderas intenciones, limitándose a balbucear la palabra desarrollo, como si fuera un mantra generador de riqueza.
La realidad que vivimos en Honduras se encuentra más cerca del Planeta de Ciudades-Miseria, planteado por Mike Davis, en la que efectúa un retrato de las miles de ciudades en los países denominados en “vías de desarrollo” donde resalta una indignante condición de los habitantes de sus barrios marginales. A pesar que en Honduras todavía mas de la mitad de la población radica en zonas rurales, nuestras ciudades son epicentros de violencia con la mayor tasa de criminalidad del planeta.
Las recetas libertarias que pretenden aplicar en Honduras no son una solución para la nación, son simplemente colonias de ultramar de grupos financieros destinados a crear zonas de exclusión en medio de un mar de violencia y pobreza.
Más que las “buenas reglas” con las que Paul Romer vendía su receta de prosperidad, lo que Honduras requiere son políticos buenos con una completa entrega a buscar el bienestar del pueblo; no empresarios disfrazados de políticos que anteponen sus proyectos de clanes familiares al bien común.

Ciudades modelo, neocolonialismo y política vernácula
Ricardo Arturo Salgado Clasificado

La situación política hondureña se vuelve cada día más complicada; la dramática situación que afecta a casi tres cuartos de la población, es matizada por una agenda política llena de sortilegios que buscan desviar la atención de las personas, y atraer los famosos votos. La existencia de una fuerza popular de gran envergadura en el ambiente político, ha cambiado drásticamente la forma en que se formulan los argumentos, al tiempo que se multiplican rápidamente las interpretaciones particulares de la realidad, aumentando el sectarismo y arrinconando el pensamiento que es relegado a segundo plano.

La derecha hondureña presenta una brecha que bien podría tener signos de una falta de acuerdo entre poderosas fuerzas en el ámbito pre electoral de Estados Unidos. El presidente del Congreso, Juan Orlando Hernández, luce como una pieza esencial para la continuación de la política neoliberal que forzó el Golpe de Estado, de la que la ultraderecha local parece distanciada (en una dirección radicalizada), quizá por su estrecha relación con la reacción cubana de Miami, que a la sazón se enfrenta ante una inminente nueva derrota en noviembre.

La historia de las ciudades modelo ocupa la agenda del candidato Hernández, la que podría costarle caro, especialmente después de que, jugando torpemente a ser el más vivo, se ha llevado de encuentro al académico Paul Rommer, padre de las charter cities y aspirante a reemplazo de Friedman en el camino de reproducción del capitalismo. Además, el tema no cuenta con el apoyo de toda la derecha criolla, que aún no entiende cómo puede salir beneficiada de un proyecto que a todas luces margina un amplio sector de la burguesía.

La edificación de una ilusión desarrollista a partir del concesionamiento de la soberanía nacional, no es un proceso ajeno a las clases dominantes hondureñas, que históricamente fueron siempre proclives a entregar grandes privilegios al capital transnacional a cambio de las dadivas de este; el elemento novedoso en el proceso es el rechazo militante contra esta nueva forma de colonialismo proveniente de sectores sociales, y del Partido LIBRE, que conforman la oposición de la mayoría del pueblo hondureño.

En la explicación de su retiro, Rommer dice, entre otras cosas, que su contrato no ha sido publicado en el periódico oficial (requisito para que adquiera fuerza de ley) debido a un recurso de inconstitucionalidad irresuelto en la Corte Suprema de Justicia contra este proyecto. Además, alega que se ha desnaturalizado el proyecto original, y que no es tan claro el concepto de “ciudades privadas” que maneja el gobierno de Honduras. Asumiendo que la sala de los constitucional vote uno de los dos recursos de inconstitucionalidad contra la Ley de Regiones Especiales de Desarrollo (así se llama la ley de ciudades modelo), debido a la presión de los cabildeos del presidente del legislativo, la decisión pasaría al pleno de la Corte, donde la ultraderecha conserva un gran poder, que podría al menos demorar su fallo hasta que pasen las elecciones, tiempo en el que decidirían si el asunto les conviene o no.

Por otro lado, de los alegatos de Rommer, se puede inferir que la ultraderecha hondureña, agrupada en el sector reaccionario que encabezó el golpe de estado de 2009, evalué la forma en que se puede beneficiar a todos sus actores, lo que explicaría el giro a las “ciudades privadas”. Tampoco debe desestimarse el papel que juegan en la decisión final actores como el crimen organizado y el narcotráfico, a los que les conviene una idea “modificada”del planteamiento de Rommer, y sin los controles transnacionales de este (o previamente acordados con este, lo que pondría en precario su condición de académico).

Hasta la fecha, la mayor limitante que han tenido para elaborar mejor sobre las ciudades modelo ha sido justamente el hecho de que Honduras sería un laboratorio para las mismas; como tal, el proyecto de Rommer no existe en la práctica, aunque se invocan ejemplos, asiáticos principalmente, que están atados a sendos procesos históricos que nada tienen que ver con la realidad hondureña. La falta de aplicación práctica, ha provocado, como es natural, la ausencia de desarrollo teórico, y, por lo tanto, del tan preciado material de mercadeo para vender esta ilusión; tanta es la necesidad por validar esta teoría que Rommer corre hacia Honduras para que sea su conejillo de indias, una vez que se ha consumado el golpe de estado que postra la economía de este pobre país.

El neoliberalismo se encuentra en una crisis profunda; las ciudades modelo son una propuesta para encontrar la salida que permita al capitalismo mutar a una nueva forma, en la que los únicos Estados Nación posibles son aquellos que pueden defender por la fuerza su existencia, todos los demás son candidatos al desmembramiento. En cualquier caso, para los países atrasados como Honduras, ninguna mutación del capitalismo es conveniente, pues en ello va su propia existencia. Muchos piensan que cualquier cosa es válida si trae desarrollo y riqueza, pero está claro que si estos siguen generándose bajo el mismo patrón de distribución, las oligarquías, junto con la impunidad y la injusticia que las soportan, seguirán fortaleciéndose, mientras las divisiones de los seres humanos que entran dentro del ciclo de la pobreza seguirán multiplicándose; los resultados de esta lógica están a la vista de todos.

Si somos razonables, no necesitamos el bono diez mil (aunque para ser médico, ingeniero, profesional universitario si se ocupa según los candidatos del Partido de Gobierno) para entender que este proyecto es una salida descabellada, tomada irresponsablemente, y que ya muestra rasgos de la clásica corrupción que usualmente ha impregnado todas las iniciativas que nos han impuesto en el pasado.

En términos generales, podemos decir que nuestro análisis y el debate no deben dirigirse tanto a las bondades que podría o no traer este proyecto; ya no se trata solo de desarrollarnos, sino también de cómo nos desarrollamos. En ese plano, nos daremos cuenta de que, para construir un futuro diferente debemos terminar con la idea simplista de “que todas las cosas tienen su lado bueno y su lado malo”. Este es un proyecto neocolonial, que en Honduras se aprovecha de la voracidad y la torpeza de una clase política analfabeta que ni siquiera se ha dado cuenta que arrastra hasta un amplio sector de la clase dominante a un destino fatal.

Al final, la lucha formidable del pueblo organizado tiende a convertirse en una fuerza decisiva en este proceso crucial, y la subsistencia del Estado nación, depende mucho de la presión popular que debe multiplicarse día a día, y adoptar todas las formas posibles. Incluso ante la eventualidad de que este proyecto llegue a concretarse por la fuerza, el pueblo hondureño deberá luchar hasta la derrota definitiva del mismo.

Muchas veces se ha utilizado el ejemplo de Guantánamo en Cuba, argumentando que ni siquiera la revolución pudo sacar a los gringos de territorio cubano, pero se ha omitido el hecho de que ni el pueblo ni el gobierno cubanos han renunciado nunca a la soberanía sobre esta parte de su territorio, ni lo harán hasta que el mismo vuelva al control soberano de Cuba. La historia es siempre cambiante, dinámica, lo único que los pueblos no pueden hacer es renunciar a su condición de protagonistas. Sin duda hay que luchar en todo momento, encontrar vías para dar la lucha, pero también es importante tener consciencia de las fuerzas y los intereses que juegan en cada momento.

Ricardo Arturo Salgado es investigador hondureño.

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